12 noviembre 2014

Misionero: ¿Turista? O ¿Embajador del Señor?



     Lo primero que quiero compartir antes de contarles, como va todo es, que es ser misionero (si es queremos usar este concepto de manera bíblica). Según conceptos personales que he escuchado, un misionero es la persona que va a un lugar remoto a compartir las buenas nuevas de salvación, otros dicen que es esa persona que va ayudar a los más necesitados (cosas materiales, servicios, habilidades etc.) otros también pueden decir que es solo un visitante o viajero “cristiano” que le gusta experimentar en culturas diferentes y conocer personas de otros lugares. La verdad es que todas estas definiciones vienen de que cada una de estas personas dice serlo y es por eso, que el que le recibe, dice: “como me gustaría a mí también, ir a otro lugares y conocer nuevas personas, con culturas diferentes”, pues déjeme decirle algo, usted no sabe lo que dice hasta que lo vive.

     En lo que va de este mes de octubre, he vivido más experiencias que en 6 meses de vida, las cosas que he experimentado son un ejemplo de que ser un “turista” No es fácil, para comenzar déjenme decirles que cuando llegamos al aeropuerto, muy tranquilos y calmados, 3 horas antes para registrarnos y todo, puf! El corre. Si queríamos llegar ese mismo día a panamá (el vuelo tenía dos escalas una en Panamá y otra en Brasil antes de llegar a Sudáfrica) teníamos que tomar el vuelo anterior, que se iba en 15min, a correr para ver si llegábamos a tiempo, chequeos de pasaportes, de maletas todos, con los pantalones agarrados para que no se me caigan y con la correa en la mano nos dicen (al equipo) que el vuelo ya se fue, como si nada hubiese pasado de vuelta a la salida pensando en alojamiento y en que íbamos a pasar el tiempo mientras esperábamos…de repente que se retraso el vuelo para esperarnos, a correr de nuevo, chequeos de maletas, pasaportes, con el pantalón en una mano y la correa y los tenis en otro con una mochila pesada, mientras corría me dice una mujer: “es que ustedes llegaron muy tarde, que esperaban”, yo solo la mire y seguí, entramos al avión, y ese fue el comienzo, solo dimos gracias a Dios por todo.

     Luego llegamos al aeropuerto en Sudáfrica y se pierde el equipaje de Laritza (una de las mujeres del equipo), como si no tuvimos suficiente con una corrida en el aeropuerto y un viaje de más de 16 horas. Seguimos hacia  nuestro destino final (Suazilandia) por tierra, el pastor que encargado nos fue a buscar en su vehículo, 5 horas más y casi descansamos. Llegamos a la frontera a las 12 de la media noche y nos dicen que necesitamos visa, que no podemos entrar sin visas, de vuelta a Sudáfrica, si saber donde dormir, pasamos la noche rodando. El pastor que nos fue a buscar, nos llevo a unas instalaciones de un seminario, en Sudáfrica, en el cual pasamos varios días, pues a donde fuimos a buscar la visa, era muy tarde para conseguir la visa, dos días después conseguimos la visa, por solo tres meses, después de un día completo de diligencias y muchas vueltas, hicimos maletas y de vuelta a la carretera para ir a Suazilandia. Estábamos muy contentos de que ya vamos a llegar a nuestro destino final, pero, todavía quedaba algo por experimentar, una goma se pincho y daño, así es, en medio de la noche estaba nosotros en un país desconocido, cuando yo voy a cambiar la goma, el pastor de dice que le faltan las herramientas para cambiarla, yo solo reí. Pues nada a pedir ayuda en la carretera a ver si alguien se para. Pero gracias a Dios después de varios minutos, se paró un señor, y nos ayudo con todo, no sin antes haberse parado otro, pero no para ayudar sino para vender sus servicios. Después todo fue normal y entramos al país, llegamos a las instalaciones que serian nuestras casas por el mes corriente y parte del siguiente.

     Aunque he sido muy detallista con mi experiencia, específicamente las más difíciles, mi enfoque no es dar a entender que ser misionero es pasar por este tipo de situaciones, no, no es mi punto, no es dar pena a mi gente en Dominicana, Amigos en otras partes del mundo, de lo duro que es, y si es duro, pero hay algo más que solo experiencias.

     Cuando llegamos al Emmanuel Wesleyan Bible College, que es el nombre de las instalaciones en la cual nos alojamos, casi inmediatamente conocimos a su director, Randall Cheney, el cual nos dio la bienvenida y nos brindo su ayuda.

       El también era profesor, y ensenaba métodos de cómo predicar, en una de sus clases, nos conto acerca de cómo Dios lo llamo y que ser obediente al llamado es lo más importante, luego de eso, quería hablar más con él y escuchar algunos consejos que podrían serme útiles, algo que me dijo cambio mi forma de verme así mismo como misionero.

     El dijo ”Que los demás ministerios tienen tareas más especificas y no incluyen cambios en tu manera de vivir, pero que ser misionero era cambiar tu manera de vivir y mostrarle a todos los que viven alrededor, de que tú estabas dispuesto a comer algo a lo que no estás acostumbrado por amor del Señor, a cambiar tu cultura para que otros puedan creer en Cristo, porque el simple hecho de vivir con ellos, los retaría a cambiar, tanto a creyentes como a los que no lo son”

     Fue el momento que me hizo reflexionar acerca de cómo verme, y me dije ya no eres una persona con una tarea que cumplir en un tiempo limitado, eres un embajador del Señor, eres un representante del Reino de los Cielos, que está dispuesto a vivir y a sufrir para que su reino sea establecido, que mi presencia aquí, causa sorpresa pero a la vez anima, porque saben que hay un Dios todopoderoso que piensa en su nación, que envía 4 jóvenes desde una isla lejana llamada Republica Dominicana, para decirles que los ama y que piensa en ellos.

     Y si en algún punto los obreros del Señor somos misionero nuestra misión es ser representante del Reino de los Cielos con el fin de cumplir la gran comisión en todo el mundo, dispuesto a todo por la causa del Señor. Y que nuestras aflicciones sean siempre con el fin de que la gloria de Dios se refleje que cada vez más en todos los habitantes de la tierra.


1 Corintios 9:19-27
19 Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. 20 Me he hecho a los judíos como judío, para gan ar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. 23 Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. 24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

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